viernes, 15 de septiembre de 2017

EL HOMBRE DEL CABALLO

Por: Esther Polo, 26 de mayo 2017 

Dicen que cuando una persona es bebé, puede experimentar muchas cosas, percibir emociones, sentir alegría y tristeza, que son el contraste perfecto. Sin embargo, yo solía ser muy feliz imaginando mundos diferentes, creando nuevas alternativas que me permitían desconectarme del mundo real, ese mundo en el que los grandes se quejaban todo el tiempo, tan lleno de dificultades, tan desolador y confuso, pero sobre todo lleno de interrogantes, y uno de esos tantos interrogantes estaba colgado en lo que parecía la sala de la casa. Era la fotografía de un hombre sobre un caballo, al que no se le podía ver muy bien el rostro, aunque me inquietaba mucho porque no sabía quién era y jamás lo había visto en persona.

Un día me acerqué a mi hermana, Edith Sofía, a quien cariñosamente le decíamos la ‘Negra’ y le pregunté: “¿Quién es el hombre del caballo?”. Y ella, que solía ser muy dulce conmigo, me respondió que ese hombre había sido el esposo de mi mamá, y que ella y él habían formado una familia, habían tenido hijos, que yo era parte de esa familia y que ese hombre era nada más y nada menos que mi padre. Recuerdo que le había preguntado a mi madre qué era un papá, pero ella no me había contestado, no obstante, en ese momento surgió un nuevo interrogante: ¿dónde estaba el hombre de la foto? Le volví a preguntar a la ‘Negra’, pero esta vez su rostro se descompuso y entre tanto vacilar dijo: está muerto.

Tenía 5 años, pero me preguntaba una y otra vez: ¿qué es estar muerto? ¿Tiene remedio? ¿Duele? ¿También moriré? Y solo pude comprender la magnitud de esa cosa que se llama la muerte, el día que la abuela no volvió a abrir sus ojos jamás. Sentí una comezón extraña en el estómago, era como si tuviera pirañas dentro de mí, amaba tanto a la abuela que quería que me sepultaran con ella, pero nadie quiso consolarme y me tocó aprender a vivir con la ausencia de esa persona que tanto me quiso y me protegió.

Detestaba y aún detesto los rituales que hacían para los muertos, las personas lloraban hasta quedar inconscientes. El rezandero, que es la persona que dice oraciones y cosas durante nueve noches, era de mi desagrado, me parecía un personaje extraño, con demasiados ademanes y muy suspicaz. Sin embargo, él era el encargado de supuestamente guiar al espíritu de la persona que muere para que descanse en paz y encuentre la luz, para que no se quede atormentando a sus familiares, etc. Entender todo esto era muy complicado para mí, por lo que nuevamente pensé en el hombre del caballo: ¿se encontraría en el inframundo o en el Hades? ¿Qué habría ocurrido si lo hubiera conocido aunque fuera por un instante? Me preguntaba si sabía de mi existencia, si me quiso alguna vez, si alguna vez me acarició aunque estuviera en el vientre de mi madre, en fin, armaba y desarmaba rompecabezas.

Durante mucho tiempo soñé con la figura del hombre del caballo corriendo y ganando carreras en su hermoso caballo, conquistando trofeos o como esos vaqueros del oeste en las películas de Hollywood y cosas así. Sin embargo, mi hermana, la Negra, me contó que en realidad se trataba de un campesino que cultivaba la tierra, ordeñaba las vacas, criaba muchos animales y era un padre respetuoso al que no se le podía desobedecer o habría terribles consecuencias para el osado. Me dijo que detestaba la pereza y que nunca entraba a la cocina, que una vez ella le tuvo miedo porque a causa de una terrible caspa se rapó la cabeza y ella le temía a los calvos; que mi mamá lo había hecho cambiar mucho porque ella venía de un mundo diferente al de él, que perdió la cabeza por mi madre y decidieron tener 10 hijos.

Conocer la causa de la muerte de mi jinete favorito me desconcertó, por lo que desde entonces me pregunto: ¿por qué los seres humanos nos exterminamos entre sí? ¿Cuál es la razón de tan macabra acción? Entonces, empecé a concluir lo absurda y dolorosa que es la guerra: me arrebató a mi padre y con él todo su cariño, dejó viuda a mi madre y huérfanos a mis hermanos y a mí, nos quitó la casa, la tierra, me quitó a mi hermano y dejó huérfanos a mis sobrinos; nos ha hecho tanto daño que no alcanzo a ver su magnitud… 

Descubrí que había algo anormal con respecto a mi padre: él no era igual a los otros muertos, no estaba en un cementerio, entonces ¿dónde estaba? Mi mamá me contó que lo habían tenido que sepultar en la finca para que los animales no se lo comieran, era algo fuera de lo común para mí, pero no para este país que parece un enorme cementerio y que han pretendido matarle las esperanzas a cualquier costo.

Hace casi siete años (30 de mayo de 2010), la Fiscalía General de la Nación nos entregó a mi padre en un pequeño cajón, después de un largo proceso de exhumación, pruebas de ADN y todos esos estudios que hacen, después de veinte años me permitieron estar cerca del hombre que está en la foto en mi casa montado en un caballo, un hombre que es prácticamente tierra, soy consciente de la descomposición del organismo humano, de que a todas las personas de una u otra forma nos va a pasar lo mismo, pero, a pesar de todo el asunto biológico y de pensar que no me afectaría, terminé diciéndoles que me parecía injusto que yo estuviera en esa situación, que no quería que otra persona conociera así a los seres que ama, que me dolía mucho saber que eso que observaba era lo único que quedaba del ser que aportó 23 de sus cromosomas para que yo estuviera allí parada, me sentí como cuando murió la abuela y mi dulce hermana, la Negra; volví a sentir la misma comezón en el estómago, una tristeza infinita que desencadenó algo que había más allá de lo que yo, aparentemente, percibía.

Mi depresión empezó cuando aún me gestaba en el vientre de mi madre y coincidió con la masacre de la que fue víctima mi familia. Ahora, lidio con ella día a día. Ya perdí la cuenta de las veces que he intentado ponerle punto final a mi existencia, pero he descubierto que acompañar los dolores de otra gente que también han padecido esta guerra me facilitará encontrar el hilo que quizás me ate a la vida.

Me habría encantado crecer junto a mi padre Antonio, su nombre de pila. Ahora recuerdo mucho una frase de Yehuda Amijai: “Por amor a la memoria llevo sobre mi cara la cara de mi padre”.

ESTHER POLO
Montería.

Fuente: El Tiempo.com

Este artículo se publica gracias a la beca '200 años en paz, storytelling para el posconflicto', apoyada por la Escuela de Periodismo de EL TIEMPO, la Embajada de Suecia, la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID), la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) y la Universidad de La Sabana.


viernes, 4 de agosto de 2017

DOCTOR RENE FAVAROLO

Carta de despedida de René Favaloro – Médico y escritor fallecido en el año 2000.

Fue un médico argentino nacido en la ciudad de La Plata el 12 de julio de 1923 y fallecido en Buenos Aires el 29 de julio de 2000 de la manera más trágica, dejando al mundo la famosa carta de despedida de René Favaloro y quitando al mismo un excelente médico y escritor.

Debe su fama y reconocimiento universal al desarrollo de una técnica quirúrgica llamada Bypass en la que, utilizando una vena llamada safena, lograba saltear una obstrucción en el flujo de sangre del corazón, revolucionando el mundo de la cardiología. Menos conocidos son, quizás, sus incontables trabajos literarios en los que destacó no sólo por producir material de tipo científico y de divulgación, sino escribir libros de investigación histórica (los más conocidos en referencia al General San Martín) y algunos relatos y novelas cortas relacionadas con la vida del médico y con tinte autobiográfico.

Consideramos que, además de haber sido un excelente médico y profesional, era un escritor de puño y letra, y como tal merece un homenaje en una página de literatura.

En el año 2000, mientras Argentina se encontraba en una crisis económica y política sin igual, su fundación cae en un pozo sin retorno, y a pesar de haber solicitado ayuda reiterada al gobierno, aquella institución que servía a tantos pacientes, no podía seguir adelante. No pudiendo tolerar esto y ante la perspectiva de despedir a cientos de sus colegas, y de quitar la ayuda a aquellas personas enfermas que lo necesitaban, se quitó la vida con un irónico disparo al corazón, dejando estas palabras:

Del Dr. René Favaloro 
Julio 29-2000 – 14:30 hs. 

“Si se lee mi carta de renuncia a la Cleveland Clinic, está claro que mi regreso a la Argentina (después de haber alcanzado un lugar destacado en la cirugía cardiovascular) se debió a mi eterno compromiso con mi patria. Nunca perdí mis raíces… Volví para trabajar en docencia, investigación y asistencia médica. La primera etapa en el Sanatorio Güemes, demostró que inmediatamente organizamos la residencia en cardiología y cirugía cardiovascular, además de cursos de postgrado a todos los niveles. Le dimos importancia también a la investigación clínica en donde participaron la mayoría de los miembros de nuestro grupo. En lo asistencial exigimos de entrada un número de camas para los indigentes. Así, cientos de pacientes fueron operados sin cargo alguno. La mayoría de nuestros pacientes provenían de las obras sociales. El sanatorio tenía contrato con las más importantes de aquel entonces.

La relación con el sanatorio fue muy clara: los honorarios, provinieran de donde provinieran, eran de nosotros; la internación, del sanatorio (sin duda la mayor tajada).

Nosotros con los honorarios pagamos las residencias y las secretarias y nuestras entradas se distribuían entre los médicos proporcionalmente.

Nunca permití que se tocara un solo peso de los que no nos correspondía.

A pesar de que los directores aseguraban que no había retornos, yo conocía que sí los había. De vez en cuando, a pedido de su director, saludaba a los sindicalistas de turno, que agradecían nuestro trabajo.

Este era nuestro único contacto.

A mediados de la década del 70, comenzamos a organizar la Fundación. Primero con la ayuda de la Sedra, creamos el departamento de investigación básica que tanta satisfacción nos ha dado y luego la construcción del Instituto de Cardiología y cirugía cardiovascular.

Cuando entró en funciones, redacté los 10 mandamientos que debían sostenerse a rajatabla, basados en el lineamiento ético que siempre me ha acompañado. La calidad de nuestro trabajo, basado en la tecnología incorporada más la tarea de los profesionales seleccionados hizo que no nos faltara trabajo, pero debimos luchar continuamente con la corrupción imperante en la medicina (parte de la tremenda corrupción que ha contaminado a nuestro país en todos los niveles sin límites de ninguna naturaleza). Nos hemos negado sistemáticamente a quebrar los lineamientos éticos, como consecuencia, jamás dimos un solo peso de retorno. Así, obras sociales de envergadura no mandaron ni mandan sus pacientes al Instituto.

¡Lo que tendría que narrar de las innumerables entrevistas con los sindicalistas de turno!

Manga de corruptos que viven a costa de los obreros y coimean fundamentalmente con el dinero de las obras sociales que corresponde a la atención médica.

Lo mismo ocurre con el PAMI. Esto lo pueden certificar los médicos de mi país que para sobrevivir deben aceptar participar del sistema implementado a lo largo y ancho de todo el país.

Valga un solo ejemplo: el PAMI tiene una vieja deuda con nosotros (creo desde el año 94 o 95) de 1.900.000 pesos; la hubiéramos cobrado en 48 horas si hubiéramos aceptado los retornos que se nos pedían (como es lógico no a mí directamente).

Si hubiéramos aceptado las condiciones imperantes por la corrupción del sistema (que se ha ido incrementando en estos últimos años) deberíamos tener 100 camas más. No daríamos abasto para atender toda la demanda.

El que quiera negar que todo esto es cierto que acepte que rija en la Argentina, el principio fundamental de la libre elección del médico, que terminaría con los acomodados de turno.

Lo mismo ocurre con los pacientes privados (incluyendo los de la medicina prepaga) el médico que envía a estos pacientes por el famoso ana-ana , sabe, espera, recibir una jugosa participación del cirujano.

Hace muchísimos años debo escuchar aquello de que Favaloro no opera más! ¿De dónde proviene este infundio? Muy simple: el paciente es estudiado. Conclusión, su cardiólogo le dice que debe ser operado. El paciente acepta y expresa sus deseos de que yo lo opere. ‘Pero ¿cómo?, ¿usted no sabe que Favaloro no opera hace tiempo?’. ‘Yo le voy a recomendar un cirujano de real valor, no se preocupe’.

El cirujano ‘de real valor’ además de su capacidad profesional retornará al cardiólogo mandante un 50% de los honorarios!

Varios de esos pacientes han venido a mi consulta no obstante las ‘indicaciones’ de su cardiólogo. ‘¿Doctor, usted sigue operando?’ y una vez más debo explicar que sí, que lo sigo haciendo con el mismo entusiasmo y responsabilidad de siempre.

Muchos de estos cardiólogos, son de prestigio nacional e internacional.
Concurren a los Congresos del American College o de la American Heart y entonces sí, allí me brindan toda clase de felicitaciones y abrazos cada vez que debo exponer alguna ‘lecture’ de significación. Así ocurrió cuando la de Paul D. White lecture en Dallas, decenas de cardiólogos argentinos me abrazaron, algunos con lágrimas en los ojos.
Pero aquí, vuelven a insertarse en el ‘sistema’ y el dinero es lo que más les interesa.

La corrupción ha alcanzado niveles que nunca pensé presenciar. Instituciones de prestigio como el Instituto Cardiovascular Buenos Aires, con excelentes profesionales médicos, envían empleados bien entrenados que visitan a los médicos cardiólogos en sus consultorios. Allí les explican en detalles los mecanismos del retorno y los porcentajes que recibirán no solamente por la cirugía, los métodos de diagnóstico no invasivo (Holter eco, camara y etc, etc.) los cateterismos, las angioplastias, etc. etc., están incluidos.

No es la única institución. Médicos de la Fundación me han mostrado las hojas que les dejan con todo muy bien explicado. Llegado el caso, una vez el paciente operado, el mismo personal entrenado, visitará nuevamente al cardiólogo, explicará en detalle ‘la operación económica’ y entregará el sobre correspondiente!.

La situación actual de la Fundación es desesperante, millones de pesos a cobrar de tarea realizada, incluyendo pacientes de alto riesgo que no podemos rechazar. Es fácil decir ‘no hay camas disponibles’.

Nuestro juramento médico lo impide.

Estos pacientes demandan un alto costo raramente reconocido por las obras sociales. A ello se agregan deudas por todos lados, las que corresponden a la construcción y equipamiento del ICYCC, los proveedores, la DGI, los bancos, los médicos con atrasos de varios meses.. Todos nuestros proyectos tambalean y cada vez más todo se complica.

En Estados Unidos, las grandes instituciones médicas, pueden realizar su tarea asistencial, la docencia y la investigación por las donaciones que reciben.

Las cinco facultades médicas más trascendentes reciben más de 100 millones de dólares cada una! Aquí, ni soñando. Realicé gestiones en el BID que nos ayudó en la etapa inicial y luego publicitó en varias de sus publicaciones a nuestro instituto como uno de sus logros!. Envié cuatro cartas a Enrique Iglesias, solicitando ayuda (¡tiran tanto dinero por la borda en esta Latinoamérica!) todavía estoy esperando alguna respuesta. Maneja miles de millones de dólares, pero para una institución que ha entrenado centenares de médicos desparramados por nuestro país y toda Latinoamérica, no hay respuesta.

¿Cómo se mide el valor social de nuestra tarea docente?

Es indudable que ser honesto, en esta sociedad corrupta tiene su precio. A la corta o a la larga te lo hacen pagar.

La mayoría del tiempo me siento solo. En aquella carta de renuncia a la C. Clinic , le decía al Dr. Effen que sabía de antemano que iba a tener que luchar y le recordaba que Don Quijote era español!
Sin duda la lucha ha sido muy desigual. El proyecto de la Fundación tambalea y empieza a resquebrajarse.

Hemos tenido varias reuniones, mis colaboradores más cercanos, algunos de ellos compañeros de lucha desde nuestro recordado Colegio Nacional de La Plata, me aconsejan que para salvar a la Fundación debemos incorporarnos al ´sistema’.

Sí al retorno, sí al ana-ana.

‘Pondremos gente a organizar todo’. Hay ‘especialistas’ que saben como hacerlo. ‘Debes dar un paso al costado. Aclararemos que vos no sabes nada, que no estás enterado’. ‘Debes comprenderlo si querés salvar a la Fundación’.

¡Quién va a creer que yo no estoy enterado!

En este momento y a esta edad terminar con los principios éticos que recibí de mis padres, mis maestros y profesores me resulta extremadamente difícil. No puedo cambiar, prefiero desaparecer.

Joaquín V. González, escribió la lección de optimismo que se nos entregaba al recibirnos: ‘a mí no me ha derrotado nadie’.

Yo no puedo decir lo mismo. A mí me ha derrotado esta sociedad corrupta que todo lo controla. Estoy cansado de recibir homenajes y elogios al nivel internacional. Hace pocos días fui incluido en el grupo selecto de las leyendas del milenio en cirugía cardiovascular.

El año pasado debí participar en varios países desde Suecia a la India escuchando siempre lo mismo.
‘¡La leyenda, la leyenda!’

Quizá el pecado capital que he cometido, aquí en mi país, fue expresar siempre en voz alta mis sentimientos, mis críticas, insisto, en esta sociedad del privilegio, donde unos pocos gozan hasta el hartazgo, mientras la mayoría vive en la miseria y la desesperación. Todo esto no se perdona, por el contrario se castiga.

Me consuela el haber atendido a mis pacientes sin distinción de ninguna naturaleza. Mis colaboradores saben de mi inclinación por los pobres, que viene de mis lejanos años en Jacinto Arauz.

Estoy cansado de luchar y luchar, galopando contra el viento como decía Don Ata.

No puedo cambiar.
No ha sido una decisión fácil pero sí meditada.
No se hable de debilidad o valentía.

El cirujano vive con la muerte, es su compañera inseparable, con ella me voy de la mano.

Sólo espero no se haga de este acto una comedia. Al periodismo le pido que tenga un poco de piedad.

Estoy tranquilo. Alguna vez en un acto académico en USA se me presentó como a un hombre bueno que sigue siendo un médico rural. Perdónenme, pero creo, es cierto. Espero que me recuerden así.

En estos días he mandado cartas desesperadas a entidades nacionales, provinciales, empresarios, sin recibir respuesta.

En la Fundación ha comenzado a actuar un comité de crisis con asesoramiento externo. Ayer empezaron a producirse las primeras cesantías. Algunos, pocos, han sido colaboradores fieles y dedicados. El lunes no podría dar la cara.

A mi familia en particular a mis queridos sobrinos, a mis colaboradores, a mis amigos, recuerden que llegué a los 77 años. No aflojen, tienen la obligación de seguir luchando por lo menos hasta alcanzar la misma edad, que no es poco.

Una vez más reitero la obligación de cremarme inmediatamente sin perder tiempo y tirar mis cenizas en los montes cercanos a Jacinto Arauz, allá en La Pampa.

Queda terminantemente prohibido realizar ceremonias religiosas o civiles.

Un abrazo a todos”


Leyendo esta carta de despedida de René Favaloro, simplemente queda reflexionar sobre el accionar y el rumbo que esta sociedad toma, sin importar el país al que pertenezcamos.


Fuente:
La Pluma y el Libro.

Mi foto
Ingeniero de profesión, artista por vocación. Vi la luz en la población de Paz de Río (Boyacá, Colombia) en un mes de Abril del año de 1952, pero actualmente, resido en la ciudad de Tunja, capital de nuestro Departamento. Escribo mis poemas con versos sencillos que, por lo general, se convierten en canciones. Me gustan las artes y suelo pintar, canto e interpreto la guitarra, salgo a pasear en bicicleta, disfruto de la vida, cultivo amistades y vivo contento. Soy, en resumidas cuentas, un bohemio soñador con ganas de ser poeta, guitarrero y trovador.